viernes, 21 de julio de 2017

"La escisión en nuestro país, como en el tuyo, es tal que los que leen ficción o poesía internacional son en altísimo porcentaje los que votan por quedarse en la UE o los que votan contra Trump"

Daniel Hahn

CR (Conversational Reading) es el blog que Scott Esposito –co-autor of The End of Oulipo? (Zero Books, 2013 ) y frecuente colaborador literario de numerosos diarios y revistas estadounidenseslleva desde 2004. En su entrada correspondiente al 23 de junio pasado hay una conversación entre él y el escritor y traductor británico Daniel Hahn, ganador del International Dublin Literary Award, quien decidió donar parte del dinero ganado con el premio para crear TA New Translation Award, un premio para traductores y editores nóveles. Sobre eso y otros temas trata lo que sigue, que se ofrece aquí en traducción de Julia Benseñor.

El traductor Daniel Hahn ganó el International Dublin Literary Award y decidió donarlo para crear 
el TA New Translation Award

A principios de esta semana, el escritor angoleño José Eduardo Agualusa recibió el International Dublin Literary Award por su novela A General Theory of Oblivion [traducida por Edhasa como Teoría General del Olvido]. Daniel Hahn, como traductor de este libro al inglés,también recibió el premio, de modo que la suma de €100,000 fue dividida entre autor y traductor, que recibieron €75,000/€25,000, respectivamente.

Daniel de inmediato tomó la decisión de donar la mitad de su parte para instaurar un nuevo premio a la traducción, el TA First Translation Prize, que otorgará £2,000 a un traductor novel y a su editor.

Me contacté con Daniel para que me explicara más sobre el nuevo premio, la razón por la que donaba parte de que había obtenido y para conocer su opinión acerca de qué podían hacer los traductores para insertarse en el mercado laboral. A continuación, la conversación que mantuvimos.

En las palabras que pronunciaste cuando anunciaste tu intención de donar la mitad del premio International Dublin Literary Award con el fin de crear un nuevo premio para traductores novatos, dijiste que la traducción “sigue siendo difícil para quienes quieren empezar”. ¿Cuáles son algunas de las dificultades que existen a la hora de insertarse en el mercado laboral y cómo contribuye este premio a resolverlas?
–En este momento, hay más gente que quiere traducir que el trabajo que existe para mantenernos a todos tan activos como quisiéramos (problema que retomaré después). Esto significa que hay competencia (lo cual no está mal), pero también sucede que a las editoriales –que comprensiblemente le tienen aversión al riesgo– les es relativamente más fácil quedarse con los pocos traductores que ya conocen que abrir el juego, salvo en muy raras situaciones. Por supuesto que eso me conviene en el plano personal, pero termina siendo problemático, y una de las razones es que,por lo general, es a través de los nuevos traductores que nos enteramos sobrenuevos escritores, que nos abrimos a nuevos idiomas, etc.
En la lista de traductores preseleccionados para el Dublin Award había otra candidata que, como yo, acompañaba al autor con el que había debutado como traductora (mi primer autor fue Agualusa), y otros dos traductores brillantes en los albores de sus carreras. Así que espero que el premio permita recordarlesa los editores las posibilidades que se abren cuando se decide trabajar con quienes recién empiezan y, por supuesto, ayudar con reconocimiento a los traductoresy que eso les haga más fácil no sólo ingresar a esta profesión sino quedarse: a un traductor novato que gana un premio tal vez le resulte más fácilfirmar un segundo o tercer contrato.

–¿Creés que con más premios se fortalece el lugar que ocupan las traducciones en el campo literario del Reino Unido?Qué otras cosas, además de premios, se necesitan para darle mayor presencia a la literatura traducida y convertirla en una fuerza más vital dentro del mundo literario del Reino Unido?
–Es raro, pero no creo que el problema sea que falten premios. Tenemos tantos, tantos premios. Premio a obra publicada, a obra inédita, de poesía y de prosa y también premios a libros infantiles, premios a obras escritas en una amplia gama de lenguas diferentes, etc., etc. Tener demasiados premios puede ser tan complicado como tener muy pocos. (La mayoría, para que realmente funcionen, dependen de la publicidad y del reconocimiento, y esos recursos son limitados). Pero los premios destinados estratégicamente a ayudar a resolver un problema en particular, o a rectificar determinado desequilibrio, sin duda pueden ayudar, aunque sólo sea por un tiempo. Creo que la literatura traducida en el Reino Unido viene ganando ya mucha vitalidad en estos días y, sí, es verdad que hay algunos premios que han contribuido a que así sea, pero los que más ayudan son (como el Dublin Award) aquellos que no premian la “calidad traductora” de un libro. Por una parte, nos beneficia que la traducción, su práctica, sea más visible, se discuta y se entienda más, pero también nos beneficiamos por estar en el mainstream.

–También comentaste que estás “tan seco como el próximo traductor”, toda una caracterización de la realidadeconómica de esta profesión y que seguramente no despertaría demasiado disenso. Pero también sos uno de los traductores que más trabaja, estás entre los más buscados, de modo que me da curiosidad escuchar tu opinión sobre cómo podría hacer un traductor para vivir de su profesión (o al menos para que esta pasión no derive en bancarrota). ¿Qué consejo le darías a los que recién se inician?
–Yo no creo que la traducción literaria te lleve necesariamente a vivir una vida de penurias.Mis honorarios varían, pero en promedio cobro entre £95 / $140 cada mil  palabras. Y creo que está bien, en general. No hace falta que diga que algunos libros son más difíciles que otros y que los honorarios no varían al punto de reflejar esa diferencia, lo que significa que tengo que asegurarme de traducir algo fácil (es decir rápido) para compensar los librosdifíciles, o sea, más lentos. Tampoco tengo problemas con eso. (Si trabajás por £95 cada mil palabras y te empecinás en traducir sólo ese tipo de libro que requiere que avances a paso de tortuga haciendo sólo cuatrocientas palabras por día, entonces sí estás en problemas). Me gustaría que los honorarios variaran más según los desafíos de cada libro (lo que es absolutamente improbable que ocurra), pero aun así no creo que nuestros honorarios por millar sean tan terribles. Tengo otros trabajos también y, sin embargo, pago el alquiler con mis traducciones. Sí, sé que no todos trabajan con las tarifas que trabajo yo, pero muchos, incluso muchos que recién se inician, cobran lo mismo que yo).
La principal dificultad es, como dije antes, que no hay suficiente trabajo para todoslos que quieren trabajar. Si podés traducir cuatro o cinco libros de una extensión normal por año, podés vivir de eso, sin lujos, pero podés llevar una vida razonable. Sólo que no hay suficientes libros para todos los que quieren trabajar como traductores. Y ahí sí se complica llegar a fin de mes cuando no tenés otras fuentes de ingreso.
La buena noticia, en cambio, es que la traducción es totalmente compatible con otro trabajo. Si recién debutás como traductor (¡bravo!), no esperes tener un flujo constante de trabajo desde el principio, es decir, traducir cuatro o cinco libros al año siempre. Un díavas a lograr ese primer contrato que te llenará de emoción; luego vas a tener que esperar hasta que aparezca el segundo o tercer contrato y quizás todavía más para obtener el cuarto, de modo que necesitarás llenar esos blancos con otro trabajo rentado. Esotambién está bien. Es difícil pensar en  una profesión en la que sólo te ocupes de la mejor parte desde el  preciso instante en que te iniciás.

Con tus logros como traductor, sos claramente un referente de la profesión en muchos sentidos. Por eso creo que es importante que hayas elegido devolverle de manera tan visible a la profesión lo que ella te dio a lo largo de tu carrera laboral. En tu opinión, quienes trabajamos en esto los traductores, las editoriales, los editores, escritores, periodistas, críticos, etc.–, ¿tenemos un compromiso de retribuirle algo a nuestra profesión?
–Mmm, yo no me atrevería a decir que la gente debe retribuir algo, sobre todo no diría que esa retribución tenga que hacerse mediante dinero. (Algo que sí me preocupócuando pensé en este nuevo premio era siotros traductores se sentiríanpresionados o incómodos en el caso de ganarlo y eligieran no devolver nada...) Todos atravesamos distintas circunstancias: yo no nado en dinero, pero soy consciente de que puedo vivir de lo que hago de año a año y no tengo a nadie a cargo, así que dar un poco del dinero que me llega sin que lo espere no es gran cosa ni representa demasiado sacrificio. Si hay otros que están en condiciones de hacer una devolución, genial; pero si no, no me corresponde juzgar.
Pero si bien no quiero pronunciarme sobre si tenemos que devolver algo a la comunidad, sí celebro precisamente el hecho de que tantos elijan hacerlo. Las personas que traducen libros y publican traducciones y abogan por la literatura internacional conforman la tribu más solidaria, optimista y generosa de la que he formado parte alguna vez. Cada persona que conozco hace mucho más de lo que debe por lo que le pagan; todos están motivados por un sentido de comunidad, de cumplir una misión o de trabajar por el bien común. Cada traductor experimentado que conocí dedica tiempo para ayudar a los colegas que vienen detrás. (Cuando armé el programa de tutorías hace seis años, en parte fue porque la tutoría detraductores ya estaba ocurriendo todos los días de la semana, sólo que de manera informal, impredecible y no rentada…) Muchos de mis amigos más cercanos son traductores o personas que trabajan en el mundo de la traducción y nos hemos hecho amigos no por traducir juntos, sino porque participamos en algún proyecto solidario o en algún comité de becas, organizamos un evento para la comunidad, armamos un plan, charlamos ideas para un nuevo proyecto –no por el dinero, sino como aporte “al bien general”, si querés ponerle un nombre–, ofreciendo nuestro tiempo o conocimiento o solidaridad o lo que se pueda. Mi contribución con este nuevo premio también depende de que otras personas estén dispuestas a promocionarlo,a participar como jurados,a organizar un evento para el momento de la entrega y a ayudar a reclutar sponsors. Sé que va a ser un trabajo de equipo, como son todas estas cosas. Yo sólo di el primer paso.

–Este premio está destinado a los traductores y a los editores, que suelen ser el eslabón más ignorado dentro del mundo de las publicaciones. ¿Por qué incluiste a los editores? ¿Cuál es el rol del editor y su responsabilidad a la hora detraducir y ofreceral mercado nuevas obras maravillosas?
–Los editores son fundamentales para acercar nuestro trabajo al mercado, en las formas más obvias. Los traductores pueden aconsejar o recomendar o ayudar a armar un proyecto para publicar un nuevo libro, pero es el editor el que toma la decisión final y/o convence a los equipos de venta y hace que el libro sortee los obstáculos que cada casa editora impone para llegar hasta ese momento en que se decide encargar la traducción.En el caso de un escritor novel, los obstáculos son obviamentemás grandes todavía. Por otra parte, se necesita cierto coraje para encargar la traducción a un traductor sin trayectoria previa (aunque sea la persona que ayudó a descubrir/adquirir el libro en primer lugar). Además, lleva tiempo la magia de hacer que un buen manuscrito sea aún mejor. Hasta los traductores noveles más seguros necesitan de alguna guía; los muy buenosson incluso mejores con un buen trabajo de edición y aprendenen el proceso –como nos pasa a todos, por muy experimentados y arrogantes que nos hayamos vuelto–, pero el papel fundamental que cumple el editor es casi siempre invisible (mucho más invisible que el nuestro, aunque nos quejemos más), que sólo se nota cuando algo sale mal. Espero que el premio TA nos ayude a recordar –también a nosotros, los traductores– los beneficios que pueden resultar de esta colaboración vital.

¿Cómo ves las perspectivas de la traducción en el Reino Unido? Me refiero al aumento de la xenofobia, el inminente Brexit, para no mencionar los recortes presupuestarios permanentes y el lento crecimiento económico en el Reino Unido? ¿Cómo le está yendo a esta literatura (en gran parte) esotérica escrita por extranjeros y qué esperás que suceda en los próximos años?
–Creo que vamos directo a una catástrofe de varios tipos –en lo político y lo social– de la cual el Brexit es tanto síntoma como causa. Creo que es un desastre. El tema me abruma, me avergüenza y me asusta, alternativamente.
Sin embargo, una cosa que no me produce es miedo por el futuro de la literatura traducida. Creo que el mundo editorial en general se verá afectado (las exportaciones mejoran cuando nuestra moneda pierde valor, pero una economía lenta es un problema en general: el comercio minorista sufre, el financiamiento y apoyo a actividades culturales se contrae) y otras áreas auxiliares también van a sufrir (habrá menor cobertura crítica en los medios de prensa porque reducen la cantidad de páginas, etc.), pero no creo que la publicaciónde obras extranjeras vaya a pasarlapeor que el resto. No creo que la literatura traducida sea “esotérica”, para usar tu palabra, que creo que es buena. Y la escisión en nuestro país, como en el tuyo, es tal que los que leen ficción o poesía internacional son en altísimo porcentaje los que votan por quedarse en la UE o los que votan contra Trump. No creo que las millones de personas que leyeron o leen a Krasnahorkai ahora por culpa del Brexit vayan a cambiar de repente sus hábitos y pasen a leer sólo novelas británicas y el Daily Mail; pero sí me preocupa el Brexit como síntoma: ¿nos está marcando una tendencia culturalmente proteccionista, menos generosa, menos curiosa de la sociedad a la que pertenezco? ¿Hay algo que nosotros, quenos ocupamos día a día de facilitar el intercambio cultural, tengamos que hacer al respecto?

–¿Por qué sos traductor? ¿Qué te aportó ese mundo a tu vida y por qué la gente tendría que leer traducciones?
–En la cena del Dublin Award describí el proceso que me llevó a ser traductor, cuando Daniela de Groote y Gary Pulsiferme encargaron que tradujera mi primera novela, una de Agualusa. No tenía intenciones de ser traductor antes de que me empujaran a ese debut, pero resultó una tarea divertida y algo que podía hacer, más o menos bien. Me convertí en traductor gracias a ellos.
Pero también hablé sobre la comunidad extraordinaria a la que vos y yo pertenecemos, ese grupo solidario, generoso y dinámico que te mencioné antes.Si Daniela y Gary yAgualusa son las razones por las que me volví traductor, ésta es la comunidad a la que elijopertenecer y en la que quiero quedarme. Disfruto el trabajo en sí y creo que soy bastante bueno (aunque no tan bueno todo el tiempo, como me gustaría) y sí, también digo, sin vergüenza, que lo hago por la paga, pero sobre todo por la gente que me rodea, que comparte esta misión bastante rara pero totalmente cautivante.
Pero me perturbaun poco tu última pregunta: “¿por qué la gente tendría que leer traducciones?” En general, creo que la respuesta a tu pregunta no es distinta de la respuesta a la pregunta de por qué la gente debería leer. El carácter de traducido no le confiere a ningún libro poderes especiales.

–¿Qué proyectos tenés entre manos?
–Acabo de terminar de traducir el primer libro de una inmensa trilogía de ciencia ficción para jóvenes escrita por Victor Dixen, así que pronto me embarcaré en el segundo libro y luego en el tercero. Cuando haya terminado con los tres –tengo 1100 páginas por delante–, empezaré con mi tercer libro de Eduardo Halfon (en una cotraducción con Lisa Dillman) que tengo que entregar en octubre y acabo de firmar para el sexto de Agualusa para el invierno. Ésos son los próximos libros que tengo en mi línea de montaje. Después están todos los libros que hice recientemente, pero que todavía no salieron a la luz porque están en diferentes etapas de su cocción: una novela de Michel Laub para Harvill Secker, una novela de José Luís Peixoto (co-traducida con Robin Patterson) para un editor portugués, una novela portuguesa para Oneworld, una de Carola Saavedra para Riverhead y tres libros de ilustraciones para niños. No sé si no me olvido de algo más. Después tengo trabajos que no son de traducción, ya que la traducción es una tarea part-time en mi caso y hay tantas otras cosas que quiero hacer. Entre las traducciones y esas otras cosas, tengo unos cincuenta libros traducidos en mi recorrido laboral; sin embargo, siento que recién estoy empezando…

jueves, 20 de julio de 2017

La RAE ahora también se ocupa de pospelotudeces

La RAE, siempre atenta al habla de los locutores, ha decidido aceptar un neologismo traducido directamente del inglés para su inclusión en el “nuevo” diccionario virtual. Eso cuenta el siguiente suelto sin firma, publicado en el diario El Espectador, de Colombia, el pasado 29 de junio.

La RAE incluirá en su diccionario la palabra "posverdad"

La "posverdad", una palabra que se ha popularizado no solo en el país con el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc sino también internacionalmente con la era de Donald Trump, será incluida en el diccionario de la Real Academia Española en diciembre, según lo anunció este jueves su director, Darío Villanueva.

"Aparecerá a finales de año como neologismo en la primera actualización de nuestro Diccionario de la lengua española, ofrecido gratuitamente en la red", indicó Villanueva citado en un comunicado.
Posverdad refiere "a toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público", explicó el comunicado.

El término es una traducción de la expresión inglesa "post-truth", que fue elegida como palabra del año por el diccionario Oxford en noviembre pasado, ante la popularización de su uso en el contexto de la votación del Brexit y las elecciones que ganó Donald Trump en Estados Unidos.

En una conferencia sobre "Verdad, ficción, posverdad", Villanueva indicó que este último término, "interesante a la vez que preocupante", tiene antecedentes políticos y literarios, por "el potencial (...) que la Retórica tiene para hacer locutivamente real lo imaginario, o simplemente lo falso".

El creciente uso de la palabra es una señal de que en la actualidad "lo real no consiste en algo ontológicamente sólido y unívoco, sino, por el contrario, en una construcción de conciencia, tanto individual como colectiva", agregó.

miércoles, 19 de julio de 2017

Un Quijote brasileño

La historia de una muy exitosa traducción del portugués al castellano de Don Quijote, el libro escrito por Miguel de Cervantes y publicado en Madrid en 1605/1615, que fue adaptado para el público infantil en 1936 por el famoso editor/escritor/traductor brasileño Monteiro Lobato y publicado con el título Dom Quijote das Crianças fue el tema de la reunión de ayer del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires

Gracias a Silvia Cobelo, nos enteramos de que la obra que ya había llegado a varios países de habla portuguesa, fue traducida en Buenos Aires en 1937 por Benjamin de Garay (editorial Claridad). Luego, en 1944 hubo otra traducción, Don Quijote de los niños, firmada por el hasta hoy desconocido(a) M.J. de Sosa, en una edición que integró una colección infantil (26 libros) de Americalee y después, por Losada, en la esa versión que conquistó Argentina y toda América Hispana. Actualmente la editora Losada está republicando esa misma colección infantil, con las traducciones originales, pero con nuevas ilustraciones.

Quien desee ver y oír el video de esa charla puede hacerlo aquí:
https://youtu.be/4XeoGOYN54k


Silvia Cobelo es traductora literaria (portugués, inglés y castellano) y guionista graduada por la UCLA. Nacida en Buenos Aires y radicada en San Pablo desde 1966, se especializó en traducciones y adaptaciones de las obras de Cervantes, con investigación de maestría y doctorado [FFLCH-USP] sobre la recepción de Don Quijote en Brasil. Actualmente investiga las adaptaciones intersemióticas para el Carnaval, además de películas, obras de teatro y otros elementos semióticos. Investigadora senior en tres grupos de investigación del CNPq: GREAT (Grupo de Estudio de Adaptación y Traducción) liderado por el Dr. John Milton (USP); Estudios y Traducciones del Teatro Español Clásico y Contemporáneo dirigido por el Dr. Miguel Ángel Zamorano Heras (UFRJ) y Cervantes: poética, retórica y formas discursivas en España de los siglos XVI y XVII, encabezado por la Dra. María Augusta da Costa Vieira (USP). Miembro activo de asociaciones españolas/cervantistas y Estudios de Traducción/Adaptación, participa en los principales eventos y publicaciones dentro de esos campos. Sus trabajos han sido incluidos en diversos libros. Ha producido de guiones originales, además de crónicas, cuentos y novelas.

martes, 18 de julio de 2017

La edición, "unas gotitas de Walter Benjamin", etc.


Damián Tabarovsky publicó la siguiente columna en el diario Perfil, el 2 de julio pasado. En ella se refiere a una nota que Daniel Gigena les hizo a Patricia Piccolini y Alejandro Dujovne en el diario La Nación  el 27 de junio de este año y que fue subida a este blog el 4 de julio que pasó. Parece todo muy difícil, pero si lo piensan un poco, verán que no. Y vale la pena leer ambas notas en secuencia.


Una nota en el diario

¿Cuándo fue que la edición se puso de moda? No lo sé. Sé, en cambio, que la carrera de Edición es la que más inscriptos ha tenido en los últimos años en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Lo sé por un muy buen artículo de Daniel Gigena, aparecido el domingo pasado en Ideas de La Nación. Es una entrevista conjunta a Patricia Piccolini, directora de esa Carrera, y a Alejandro Dujovne, investigador del Conicet, uno de los coordinadores del Núcleo de Estudios sobre Historia y Sociología del Libro y la Edición. La sola presencia de esa nota en un medio masivo puede ser pensada como un síntoma: el de la posibilidad creciente y bienvenida de pensar la edición como un objeto relevante, en el cruce de la cultura, la ideología, la política y la economía, es decir, en el corazón de la episteme de una época. Pocas cosas me interesarían más que leer una buena historia de la edición argentina en ese registro (también de otros países latinoamericanos, como México). Es tal vez éste un momento incipiente, pero la aparición de esta preocupación no deja de interesarme sobremanera. Hubo un tiempo (¿cuánto hace?, ¿veinte años?, ¿treinta?) en que la carrera de Comunicación Social de la UBA se debatía entre un perfil, predominante en esa época, más bien técnico (básicamente: formar empleados para la comunicación de masas, a los que se les daba de paso unas gotitas de Walter Benjamin), y uno más intelectual, más crítico (posición que entonces no llegó a prosperar por múltiples razones, entre ellas por la baja erudición del plantel docente que defendía esta postura, cuya mayoría también había consumido sólo unas gotitas de Walter Benjamin). Con el paso de los años, por razones que me exceden, la situación parece haber cambiado. Hablo con la impunidad que me da la lejanía. Pero precisamente desde esa lejanía puedo observar dos rasgos muy interesantes. Por un lado, una evidente vocación política de muchos de los cuadros surgidos de allí (pienso en la importancia que tuvo esa carrera en la redacción y el debate de la Ley de Servicios Audiovisuales, ley que fue dada de baja de manera tan esperable como oprobiosa por Macri) y en la aparición de egresados que se suman al mundo cultural, mucho más allá de la comunicación en sentido estricto (conozco editores, escritores, directores de cine, etc., egresados de allí). Quizás a los estudios sobre edición les toque lo mismo, y poco a poco se vaya abandonando una mirada técnica y, en el mismo horizonte que el Núcleo de Estudios…, pueda surgir una generación que comience a pensar la edición de manera crítica, como un prisma que permite ver el estado de la cultura en un momento dado.

Entre tanto, en la nota, Dujovne vuelve una y otra vez, con absoluta razón, sobre el histórico déficit de políticas públicas sobre el tema (que incluye, desde el vamos, la promoción de la lectura). No se trata sólo de la clásica demanda (por cierto justa) de los (pequeños) editores ante la ausencia de subsidios y subvenciones a la edición, ni tampoco de la también justa percepción de que el ajuste brutal llevado a cabo por Macri, en alianza con la inmensa mayoría de la clase política, pone en riesgo el mercado editorial (¡muéstrenme un país con un universo editorial activo sin un mercado interno con capacidad de consumo!), sino también de intentar pensar críticamente los efectos socioculturales de esa situación.

lunes, 17 de julio de 2017

"La lengua no es solo un medio de comunicación."

El pasado 26 de junio, la agencia TELAM subió a su portal la siguiente entrevista sin firma, con la filósofa y traductora francesa Barbara Cassin, por entonces de visita en Buenos Aires.

Hay que erradicar la creencia 
de que hay lenguas mejores que otras

Barbara Cassin (Parí­s, 1947), una de las principales pensadoras francesas contemporáneas, se mueve en una escena heterodoxa que bucea en las raíces de la filosofía antigua para pensar conflictos del mundo contemporáneo: así lo hizo por ejemplo en Googleame (2008), un texto que analiza las relaciones entre las corporaciones, los estados y las democracias a la luz de las configuraciones planteadas por el famoso motor de búsqueda fundado en 1998 por Larry Page y Sergey Brin.

Discípula del filósofo alemán Martin Heidegger y en la actualidad directora del Centro León Robin que depende de la Universidad de la Sorbona, esta doctora en Filosofía y Letras ha escrito también textos como El efecto sofístico y Nuestros griegos y sus modernos, en los que trabaja la influencia de la sofística en la historia del pensamiento, el psicoanálisis, la polí­tica o la literatura.

Cassin llegó en estos días a Buenos Aires invitada por el Instituto Francés en la Argentina para participar de la presentación del libro Un pasado criminal –una colección de ensayos sobre la memoria colectiva– y para disertar en La Noche de la Filosofía, con una ponencia centrada en la traducción, otro de sus focos temáticos. En diálogo con Télam, la filósofa francesa se refirió a su texto “Decir la verdad, producir la reconciliación, fallar en la reparación”, incluido en la compilación del politólogo argentino Lucas Martin, que pone en diálogo el proceso que inició en 1995 la sociedad sudafricana para saldar cuentas con el régimen del apartheid con los juicios a las Juntas Militares llevados adelante en la Argentina para juzgar a los responsables de la última dictadura militar.

–El libro Un pasado criminal se abre con un ensayo suyo en el que revisa el proceso que llevó adelante el estado sudafricano para dejar atrás los traumas que generó el apartheid ¿Cómo evalúa este proceso que privilegió el esclarecimiento de los crímenes de Estado por sobre el castigo a sus responsables?
–La Comisión para la Verdad y Reconciliación fue un invento extraordinario que llevó adelante el estado sudafricano en un momento particular donde no había vencedores ni vencidos. Esta instancia fue elegida para evitar un tribunal como el de Nuremberg, porque si se hubiese dado un proceso similar al de esa ciudad alemana de seguro hubiera ocurrido un baño de sangre: las fuerzas del orden eran bóers, es decir, pertenecían a un gobierno que nunca había sido elegido por elecciones libres. Si estas fuerzas intuían que iban a ser condenadas, otra clase de proceso hubiera sido imposible. El propósito de la Comisión fue articular la verdad para la reconciliación y recoger los pedidos de amnistía. Para que un acto sea amnistiable se necesitan tres condiciones: que haya sido cometido en un lapso del tiempo definido –el tiempo del apharteid–, que esté ligado a un hecho político y que sea enteramente revelado. Esta última condición fue genial porque obligó a los perpetradores a decir la verdad para ser amnistiados. Si hubiese habido una justicia punitiva, en cambio, estos hombres hubiesen escondido para siempre lo que hicieron. Por otro lado, esta instancia estuvo encadenada con el accionar de la Comisión de Reparación, que decidía en cada caso cómo retribuir la pérdida de un padre, un hijo, etcétera. Ninguna reparación es digna de ese nombre pero hubo una tentativa interesante de hacerle pagar a las empresas y a las instituciones el daño provocado.

–¿Qué relación se puede establecer entre el modelo aplicado en Sudáfrica y los criterios que guiaron el Juicio a las Juntas de la dictadura militar argentina?
–Argentina y Sudáfrica afrontaron de manera distinta la relación con su pasado. En definitiva, fueron contextos diferentes los que hicieron optar por modelos distintos, uno con más énfasis en la justicia y el otro en la verdad. En el caso sudafricano, la consigna fue toda la verdad a cambio de la libertad. Se pensó en una justicia transicional antes que en una justicia punitiva. En la Argentina, en cambio, el juzgamiento a los militares que cometieron delitos durante la dictadura se realizó en el marco de un proceso judicial normal. Por lo tanto, los perpretradores de esos crímenes hicieron todo lo posible por ocultar esos crímenes. Como el procedimiento no fue hecho para que la verdad sea dicha sino para impartir justicia, la verdad quedó finalmente relegada. Más tarde se podría haber pensado en castigos más laxos a cambio de un mayor nivel de confesión, pero igual no hubiera tenido el mismo efecto de verdad.

–Usted ha acuñado el concepto de globish, que designa el proceso de homogenización en los usos de los lenguajes nativos producto de su relación con el buscador Google. ¿Cuáles son sus alcances y en qué medida su masificación puede generar a futuro una depredación de las identidades culturales?
–El concepto de globish surge en mi libro Los intraducibles. Lo escribí porque empecé a percibir en Europa la aparición de dos enemigos: por un lado precisamente el globish, es decir, la homogeneización a través de una no lengua, mejor dicho, de una lengua de nadie, que se puede percibir como un producto del capitalismo. Si uno mira sus efectos, el globish sirve para ordenar y producir jerarquías. Creo que no es descabellado pensar en la amenaza de un lenguaje único de la comunicación. Contra ese riesgo, creo que todos deberíamos manejar una segunda lengua además de la materna. El globish es un lenguaje de servicio pero no una lengua para la transmisión de una cultura. Está basado en el inglés pero no debe confundirse con él. El segundo peligro que detecto es el del nacionalismo ontológico. A la manera de Heidegger, el peligro de arraigar una lengua a una nación, a una raza. Hay que erradicar la tendencia a creer que hay lenguas mejores que otras, más aptas para decir el ser. Esto se entronca con lo que decía antes: la lengua no es solo un medio de comunicación. Produce cultura. Por eso creo que es necesario complejizar la relación entre lengua y nación. Y eso no se logra ni con el globish ni con el arraigo en una lengua.

–¿Por qué a diferencia del mito babélico de la disparidad de lenguas como disparador para la incomunicación usted cree que merece reinvidicarse la diversidad de idiomas y dialectos?
–Se necesita de la diversidad de lenguas, como parte de la diversidad de los ciudadanos. Las palabras tienen historias que nos permiten una mejor comprensión de lo que significan y cómo podemos utilizarlas. Cada palabra es el resultado de una historia y una serie de representaciones, pero solo adquiere su significado, que designa una cosa y no otra, en su diferencia con otras palabras de la misma lengua.


viernes, 14 de julio de 2017

Síganla, no los va a defraudar...

Julia, antes de la elección de CADRA
cuando todavía viajaba en colectivo.

Finalmente, la elección para elegir la nueva junta directiva de CADRA tuvo lugar y triunfo el bien. Así que, gracias a los traductores asociados que la votaron, Julia Benseñor es la primera traductora en ocupar un cargo dentro de la institución.

El breve discurso que envió cumplimentado el trámite es éste:

"Les agradezco el apoyo. Aprovecho para decirles, sobre todo a los que no me conocen, que me postulé con el compromiso de representar a los traductores y para aprovechar ese espacio integrado por editores y autores para visibilizar nuestra tarea y generar iniciativas que lleven al reconocimiento y a la mejora de  nuestras condiciones de trabajo."

En síntesis, de eso se trata: de trabajar conjuntamente para visibilizar nuestra tarea e intentar hacerles comprender fundamentalmente a los editores, mayoría en CADRA, la dificultad de nuestra labor, la necesidad de reglas claras, tarifas adecuadas a la realidad y el debido respeto que merecemos. Ojalá Julia pueda llevar a ese foro estas reivindicaciones.

Como nota al pie, vale la pena decir que sorprende que, a la fecha, sean tan pocos los traductores asociados a esta institución, encargada de recolectar los derechos reprográficos de las obras que producimos. Sobre todo, cuando estar asociado (trámite mínimo en verdad) redunda en que todos los años se nos pague religiosamente un porcentaje de lo recaudado, sin que tengamos que hacer prácticamente nada.


jueves, 13 de julio de 2017

Otra noticia de mierda para promediar la semana

Thomas Rabe (al centro) y miembros de su banda. Nótese en la izquierda la
expresión satisfecha, como para enfrentar el futuro, de Markus Dohle


Ayer, 12 de julio, Silvia Friera publicó en Página 12 un suelto a propósito de lo que está ocurriendo en Penguin Random House. Los lectores que quieran corroborar cuánta gente se queda sin trabajo pueden leer esta nota, en sintonía con la publicada el lunes 10, donde se desmentía a Markus Dohle, consejero delegado de la empresa, quien afirmaba que, con la anexión de Ediciones B al grupo, no iba a haber despedidos.

Más cambios en la industria editorial

Los movimientos sísmicos se propagan concéntricamente. Hay terremoto cuando esas vibraciones llegan a la superficie. Los desplazamientos al interior de la principal empresa editorial del mundo, que vende anualmente unos 800 millones de libros, no afectarán la autonomía de las 250 casas editoriales, distribuidas en cinco continentes, que publican más de 15.000 títulos nuevos cada año y facturan 3.400 millones de dólares. Los números, a simple vista, impactan por su magnitud. Hace una semana, Penguin Random House (PRH) finalizó la adquisición de los sellos de Ediciones B, antes propiedad del Grupo Zeta, que compró por 40 millones de euros en marzo. El grupo de comunicación alemán Bertelsmann anunció ayer que aumentó su participación del 53 al 75 por ciento en el grupo editorial PRH. El grupo británico Pearson, que controlaba el 47 por ciento del grupo, ha reducido su participación al 25 por ciento. La sorpresa “en la escala de Richter” la constituye el hecho de que Pearson había declarado, a principio de este año, que analizaba ceder la totalidad de su participación en esta empresa creada el 1° de julio de 2013, tras la fusión de Random House (Bertelsmann) y Penguin (Pearson).

El valor total de Penguin Random House, para esta operación, se fijó en 3.550 millones de dólares. Pearson informó que la venta de su participación, combinada con una recapitalización de esta editora, le daría un ingreso medio de 968 millones de dólares. En abril de 2018 cobrará 66 millones adicionales. Pearson, que sigue a pie juntillas el libreto neoliberal, esgrimió que sus cuentas no cierran por las dificultades de su actividad educativa de alto valor agregado en Estados Unidos. “Ajustar” es el verbo que mejor conjugan en todos los modos y tiempos. En enero de 2016 suprimió 4.000 puestos de trabajo para hacer frente a la desaceleración de la demanda. La empresa británica había reorientado sus actividades hacia el sector educativo luego de la venta en 2015 del diario Financial Times y de su participación en The Economist.

“La de Penguin Random House es una historia exitosa. Hemos completado la integración en poco tiempo; el grupo es el número uno por excelencia en todo el mundo en el sector de las editoriales”, declaró Thomas Rabe, presidente de Bertelsmann. “El negocio de los libros forma parte de la identidad de Bertelsmann desde hace más de 180 años. La transacción es muy atractiva desde el punto de vista económico, dado que la participación en beneficios de los accionistas de Bertelsmann aumentará en más de 60 millones de euros”, agregó Rabe. El grupo alemán se asegura con la mayoría del 75 por ciento más derechos de gobierno en Penguin Random House, que tendrá que nombrar al presidente del consejo de administración próximamente. Markus Dohle, miembro del comité ejecutivo de Bertelsmann y consejero delegado de Penguin Random House desde la fusión, seguirá dirigiendo la empresa. “Todo lo que Bertelsmann y Pearson han negociado y decidido es el símbolo de continuidad y estabilidad para Penguin Random House; por eso es también la mejor solución posible para autores, socios, editores y todos los empleados”, planteó Dohle.

PRH, que publicará los libros de Michelle y Barack Obama, ha editado la saga Game of Thrones (Juego de tronos) de George R.R. Martin y muchos otros best sellers como Cincuenta sombras de Grey de E.L.James y El código Da Vinci de Dan Brown. En el plantel hay 70 premios Nobel de Literatura, entre los que se destacan Alice Munro, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, José Saramago, Doris Lessing, J.M.Coetzee, Orhan Pamuk, V.S.Naipaul, Gunter Grass, William Faulkner, Ernest Hemingway, Elfriede Jelinek, Herta Müller y Svetlana Alexiévich.