viernes, 31 de julio de 2015

Una antología de metidas de pata

“A lo largo de la historia, los errores de traducción han creado conflictos diplomáticos y malentendidos que han durado siglos. Estos son los más relevantes.” Así dice la bajada, algo exagerada por cierto, del artículo anónimo publicado en El Confidencial, de España, el 11 de marzo de este año.


Los siete errores de traducción que cambiaron la historia

Cuando lees la traducción al inglés de los menús de raciones de los bares españoles no puedes más que soltar una carcajada. La tortilla de bonito se convierte en beautiful omelet, el pincho moruno en I puncture morish y el choco a la plancha se convierte en I collide to the iron.

Internet está repleto de chanzas sobre traducciones infames realizadas por gente que cree que Google Translator es igual de eficaz que C3PO, pero la cosa no tiene tanta gracia cuando están en juego asuntos serios.

Parece mentira que en un mundo globalizado, y en un territorio como la Unión Europea, se sigan cometiendo errores de traducción en cuestiones diplomáticas. Pero ocurre. En noviembre de 2013 toda la prensa española (dejándose llevar por las agencias) aseguró que un portavoz de la Comisión Europea había tildado de “basura” un anuncio del ministro Wert. En realidad, el portavoz de Educación, Dennis Abbot, había utilizado la palabra rubbish, que sí, puede significar “basura”, pero en ese contexto la traducción correcta habría sido “sandeces” o “disparates”. Y no es lo mismo, como se empeñó en corregir Abbot (sin mucho éxito).

Este error de traducción –por otro lado, muy conveniente para la prensa– no supera la categoría de anécdota, pero ¿qué habría ocurrido con una malinterpretación de este tipo en un contexto de guerra? ¿Qué sucede cuando se da por buena una mala traducción y todo el mundo cree que es cierta? Estos son siete de los errores de traducción más graves de la historia.

1. Los cuernos de Moisés
Durante el gótico tardío, y hasta bien entrado el renacimiento, los artistas cristianos dibujaron y esculpieron a Moisés con dos cuernos en la cabeza. Y todo debido a un error del que, paradójicamente, está considerado el patrón de los traductores: San Jerónimo.

Su traducción al latín de las versiones en griego y hebreo de la Bibliala Vulgata– ha sido el texto oficial de la iglesia católica durante milenio y medio (entre 382 y 1979), pero contenía un curioso error. La expresión hebrea keren or, que se refiere al estado resplandeciente del rostro de Moisés, fue traducida equivocadamente como “cuernos”. No tenía sentido pero ¿quién va a dudar de un texto sagrado?

2. La amenaza de Khruschev
En 1956, con la Guerra Fría en pleno apogeo, el líder soviético Nikita Khrushchev pronunció un discurso en la embajada polaca de Moscú, durante un banquete en el que estaban presentes numerosos embajadores occidentales. Los asistentes se quedaron de piedra cuando el líder comunista dijo: “Os guste o no, la historia está de nuestro lado. ¡Os enterraremos!”

En plena carrera armamentística la prensa occidental interpretó sus palabras como una amenaza directa, pero los soviéticos se apresuraron a explicar que todo había sido un malentendido. La frase de Khrushchev se había sacado de contexto.

En realidad, se trataba de una referencia al Manifiesto Comunista en el que Max asegura que la burguesía produce sus propios enterradores. La traducción correcta de su discurso –que no siempre debe ser literal– debería haber sido algo así como “os guste o no, la historia está de nuestro lado. Viviremos para ver como os entierran”. No es que sea la frase más amigable del mundo, pero se trataba de una proclama ideológica, no de una amenaza.

3. El sueño húmedo de Jimmy Carter
Cuando el presidente estadounidense Jimmy Carter viajó a Polonia, en 1977, el Departamento de Estado contrató a un intérprete ruso que sabía polaco, pero que nunca había traducido profesionalmente ese lenguaje.

En aquella época, Polonia seguía estando bajo la órbita comunista, y Carter trató de ganarse al pueblo con un discurso amigable. Pero al traductor le pudo el entusiasmo. Carter comenzó diciendo, “salí de los Estados Unidos esta mañana”, y el traductor dijo “he dejado Estados Unidos para no volver nunca”. Cuando el presidente dijo “he venido para conocer vuestras opiniones y entender vuestros deseos de futuro”, el traductor dio a entender que Carter deseaba sexualmente a los polacos. Incluso una inocente frase sobre lo feliz que le hacía estar en Polonia se convirtió en “estar feliz de ver las partes privadas de Polonia”. Fue un desastre.

La delegación contrató apresuradamente a otro traductor. Este sabía bien polaco, pero no inglés, así que volvió a hacerlo mal, pero no fue gracioso, simplemente era incapaz de traducir. 

4. Los canales de Marte
En 1877 el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli realizó una de las primeras descripciones de la superficie de Marte. El director del observatorio de Brera, en Milán, creyó ver antiguos “mares” y “continentes” en la superficie marciana, pero también “canales”.

En 1908, el astrónomo norteamericano Percival Lowell revisó el trabajo de Schiaparelli y llegó a la conclusión de que los canales habían sido construidos por seres inteligentes para llevar el agua, que escaseaba en la superficie marciana, desde los casquetes polares hasta las regiones desérticas. Esta afirmación desató la locura por los marcianos, pese a que provenía, claramente, de un error de traducción.

Schiaparelli nunca pensó que los canales de Marte fueran construcciones. En realidad el había empleado la palabra italiana canali que se refiere a una estructura totalmente natural como las gargantas o los cañones.

5. La palabra que hizo estallar la bomba atómica
El 26 de julio de 1945 las potencias aliadas durante la II Guerra Mundial publicaron la declaración de Potsdam, que trataba los términos de la rendición del imperio japonés y aseguraba que, si no se entregaba, se enfrentaría a una “pronta y total destrucción”.

La declaración era un ultimátum en toda regla. El primer ministro japonés, Kantaro Suzuki, convocó una rueda de prensa y dijo el equivalente a “Sin comentarios. Seguimos pensándolo”. El problema es que eso no es lo que entendieron los aliados. Suzuki cometió el error de usar la palabra mokusatsuque puede significar “sin comentarios” pero también “lo ignoramos y lo despreciamos”. Sólo 10 días después de la conferencia de prensa el presidente Truman reveló al mundo lo que significaba “pronta y total destrucción”. Nunca sabremos si una traducción correcta habría cambiado en algo las cosas.  

6. El tratado de Waitangi
En ocasiones los errores de traducción son inintencionados, en otras responden a los intereses de quienes pretenden cambiar el significado real de algo. En este último grupo se encuadra el Tratado de Waitangi, que firmaron los maoríes de Nueva Zelanda en 1840 y supuso, de facto, la transformación de la isla en una colonia británica.

Británicos y maoríes firmaron dos versiones del tratado, una en inglés y otra en maorí. Ambas copias son parecidas, excepto en lo que realmente importaba. La versión maorí dice que los nativos aceptan la permanencia de los británicos a costa de la protección permanente por parte de la corona. La versión británica dice que los maoríes se someten a la corona a cambio de la protección británica. ¿Truco o trato?

7. La palabra que costó 71 millones de dólares (y una vida)
En 1978, Willie Ramirez fue ingresado en un hospital de Florida. El paciente se encontraba muy grave, pero su familia tenía dificultades para explicar lo que le ocurría porque no sabía hablar inglés. Le dijeron a los médicos que creían que Ramirez sufría una intoxicación alimentaria, pero el personal –supuestamente bilingüe– del hospital tradujo “intoxicado” por intoxicated, que en inglés se usa tan sólo para personas que se han drogado o han tomado demasiado alcohol.

Aunque los familiares de Ramirez pensaban que éste sufría una gastroenteritis en realidad tenía una hemorragia intracerebral. Pero los doctores, al creer que el paciente estaba sufriendo una sobredosis, erraron por completo en el tratamiento. Debido a esta negligencia Ramirez se quedó tetrapléjico y el hospital tuvo que pagar una indemnización de 71 millones de dólares. 


1 comentario:

  1. Copio lo que comenté en el Facebook al respecto de esta nota: Podría agregarse un episodio menor pero de igual índole registrado por la película Reds (Rojos) que cuenta la conversión del escritor y periodista John Reed, autor de "Diez días que conmovieron al mundo", en agitador y propagandista de la Revolución Rusa. Reed se da cuenta, al dar un discurso de solidaridad frente a milicianos de una república de mayoría islámica del ex imperio zarista que ciertas palabras suyas, traducidas por Grigori Zinoviev al ruso, provocan un inusitado entusiasmo. Los milicianos gritan, vociferan y descargan sus fusiles al aire.Le pregunta luego a Zinoviev el motivo de tanta excitación frente a un saludo que había resultado aburrido, hasta un cierto momento, para los bolcheviques musulmanes. Zinoviev le responde que, como traductor, se había tomado una pequeña licencia: en lugar de la expresión "guerra justa", usada por Reed, había traducido "guerra santa": "Fue una adaptación sobre la marcha de nuestras ideas a las de estos camaradas". (Desde el punto de vista ideológico, no era una traducción tan mala: podía ampararse en el símil o analogía)

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