lunes, 13 de marzo de 2017

"El costo de producción de un libro representa el 55% del PVP"

Daniel Gigena publicó el siguiente artículo en el diario La Nación, de Buenos Aires, el día 17 de febrero pasado. En la bajada de éste se lee: “En la trastienda de un libro intervienen autores, editores, traductores, diseñadores, imprentas; el sector tiene el desafío de salir del rojo de un 2016 con caídas de ventas y producción de un 20 por ciento”.

Industria editorial: postas de un camino sinuoso,
del manuscrito a las librerías

En nuestro país, se estima que existen más de 400 empresas editoriales, entre pequeñas, medianas y grandes, que publicaron en 2016 un total de 27.700 novedades: un 5% menos que en 2015. Diana Segovia, gerente de la Cámara Argentina del Libro (CAL), sostiene que el porcentaje de la caída de las ventas por unidad de ejemplares se situó entre el 15 y el 20%. A lo que hay que sumar un dato algo más preocupante aún: la producción de libros cayó un 25% respecto de 2015, de 83 millones de ejemplares a 62 millones. Esto quiere decir dos cosas: por un lado, que las tiradas se redujeron y, por otro, que se exportaron menos libros y se importaron cada vez más.

El año pasado, además, el gobierno nacional sólo encargó una compra de libros a las editoriales para escuelas urbanas y rurales. En diciembre, un poco a las apuradas, se hizo una licitación desde el Ministerio de Educación para compras de libros escolares para este año. Esos textos cuentan con algunas actividades diseñadas para que los alumnos utilicen las pantallas de computadoras en las aulas; se entregarán en marzo. En cambio, los títulos de ficción, ensayo, poesía, historia, ciencias o arte, a diferencia de años anteriores, quedaron relegados de las compras del Estado que, en algunas materias, aplica la ley del ahorro a rajatabla. ¿En 2017 volverá a comprar libros producidos en el país? Esa incógnita se despejará en pocas semanas. Por ahora, sólo se sabe que está abierta una licitación para la compra de libros para la educación técnica.

Volviendo a la radiografía de 2016 y el impacto, en materia de desafíos, que genera sobre este año, Penguin Random House publicó 600 novedades: trescientas, de autores nacionales, y otras tantas de extranjeros (de éstas, en promedio, la mitad son traducciones). Aunque no es un número fijo, desde el grupo señalan que el promedio de lanzamientos comerciales se mantuvo respecto del año anterior. Por su parte, su principal competencia, el Grupo Planeta, informó que en 2016 lanzaron al mercado más de 400 novedades, en línea con lo publicado en 2015. De ese total, el 35% de los libros fue de autores extranjeros (la mitad, traducciones hechas en la Argentina y el resto en otras filiales del grupo, mayormente en España). Tanto en Planeta como en PRH, algunas de esas traducciones importadas son "normalizadas" por los equipos editoriales, para evitar los fastidiosos "coger" (por "tomar"), "aparcar" (por "estacionar") y las conjugaciones verbales con "vosotros", entre otros cambios. Aunque por razones extraliterarias, eso no siempre ocurre. Un grupo mediano, como Edhasa, publica 40 libros por año, de los cuales un cuarto son traducciones, todas hechas en el país. Los demás libros llevan la firma de autores argentinos, en su mayoría, o hispanoamericanos.

El recorrido detrás de un libro
La editorial es una las industrias culturales que más trabajo generan en el país. En la fabricación estándar de un libro comercial hecho en la Argentina (ver infografía) participan varias personas: autores, editores, correctores, diseñadores, imprenteros y libreros. Por esa razón es, además, interesante sumergirse y conocer en detalle el procedimiento detrás de un título que llega a las manos del lector.

En los casos consultados, los autores reciben por contrato un 10% del PVP (precio de venta al público) de cada ejemplar. Los traductores en general "venden" su traducción al sello, aunque en algunos casos han conseguido cederla por plazos de cinco o diez años. Si el libro se reedita fuera de ese plazo o la editorial vende la traducción a otro sello, el traductor debe recibir un porcentaje de esa venta.

Desde que un autor entrega al editor el manuscrito de su obra, el proceso de producción de un libro puede llevar de dos a seis meses, aunque se sabe que varias editoriales, por cuestiones comerciales, han debido apresurarse para fabricar un libro en un mes. En general, esos fast books duran menos que eso en la memoria cultural. Ana Ojeda, a cargo del área de preproducción de Paidós, cuenta que la edición de un libro lleva tiempo y cuidado, y señala que los editores de libros infantiles o ilustrados están mucho más atentos a todo lo que sucede en la imprenta: el modo en que imprime cada color, si satura o no, los aspectos tipográficos.

Los costos de preproducción rondan el 30%. "Si la tirada de un libro está bien calculada, este costo se licúa y llega a ese porcentaje", dice Mónica Hanesman, coordinadora editorial del Grupo Planeta. Muchas veces, hay costos extras que aumentan ese porcentaje: puede ser tanto el precio de una traducción como la compra de fotografías para componer un cuadernillo de imágenes, la realización de un índice onomástico o temático, si hubo o no un ghost writer para escribir (todo el mundo sabe que las celebridades y los políticos no escriben libros, sólo los firman).

Luego de las correcciones de diseño según las indicaciones puntuales del autor y del editor, se envía el texto a los correctores de estilo para que ellos hagan también sus ajustes finales. Los costos de los trabajos de diseñadores se suman a los costos de preproducción. Ellos son, en general, trabajadores free-lance, aunque los sellos medianos y grandes cuentan con sus equipos especializados de arte.

Con un pie en las librerías
El material ya impreso va a encuadernación. Este proceso puede variar según el libro, ya que el tamaño del lomo dependerá del número de páginas y, por consiguiente, de su ancho final. Respecto de la encuadernación puede ser rústica, en cartón, en tela y media tela, pasta y media pasta. A veces los interiores (los pliegos) se pegan o se encuadernan en la misma imprenta.

"Hay muchísimas imprentas en Buenos Aires -continúa Ojeda-. En general, se las elige por el precio, ya que la calidad del producto terminado suele ser bastante parecido en todos los casos. Los sellos grandes también valoran la rapidez de respuesta por parte de la imprenta, ya que siempre se corre. Por otro lado, como manejan mucho volumen de trabajo, pueden obtener tarifas preferenciales. La distinción básica a nivel de imprentas es si es Offset (para tiradas a partir de 500 ejemplares) o digital (a partir de 12 ejemplares)."

De la encuadernadora el libro sale al depósito de la editorial o de la distribuidora y se inicia entonces el proceso de distribución. Los costos de producción, que incluyen la impresión y el flete hasta el depósito, representan un 70% del costo final del libro.

Uno de los insumos más caros es el depósito. Y el papel, por supuesto, es el otro. Por ese motivo, las tiradas de los libros son materia de examen atento por parte de los editores. Si una tirada de 10.000 ejemplares fracasa (vende, por ejemplo, solamente mil), ocupará espacio en el depósito y no en las librerías. Las estrategias de marketing editorial, como las de marketing político o comercial, pueden ayudar a vender libros de dudosa calidad.

Penguin Random House informó que sus tiradas van de los 3000 a los 50.000 ejemplares. En Planeta, de los 2000 a los 100.000. Más modesta, Edhasa se ubica en los 2500 ejemplares. Cuando las tiradas son masivas se aseguran que los libros están, literalmente, "por todas partes".

En suma, el costo de producción de un libro representa el 55% del PVP, es decir, el precio que los lectores pagan en librerías. Por ese motivo, la "banda promocional" nunca supera el 45% restante. Además, las librerías tienen sus costos fijos y, como cualquier comercio, necesitan ganar dinero para subsistir y crecer, un fin objetivamente noble. Que así sea.

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